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Hoy en día existen tantos útiles como gustos hay. Aunque ciertamente eso ha dificultado algo el significado a la hora de valorar el trazo en las escrituras, no por ello es menos significativo cuando se elige por ejemplo un punta fina, un punta gruesa, un rotulador, una pluma, un lápiz…

El trazo es indicativo del modo de sentir el ambiente y de ser afectado por lo que hay fuera de uno mismo. Es, en definitiva, la propia energía de la persona, su voluntad, su esencia misma.  Y uno de ámbitos donde todo esto lo ponemos de manifiesto es en el trabajo.

Son muchos los parámetros a tener en cuenta cuando estamos analizando una escritura. En lo que respecta al trazo, ponemos especial atención en ver si la persona escribe presionando mucho sobre el papel, o por el contrario con cierta ligereza, y así podremos saber cómo vive la vida.

También prestamos atención en la textura que tiene la tinta (según el útil que hayamos elegido, según cómo sujetemos y presionemos ese útil) y con qué trama deja su huella sobre el papel. Con ello podremos saber cómo le impactan las cosas.

Otro punto de atención es el grosor que tiene ese trazo, si es más fino o más grueso, y así podremos saber cuánto muestra de sí la persona a los demás.

Y muy importante también es ver la tensión que tiene todo ese trazado, para poder saber cuál es el comportamiento del que escribe.