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Los cambios y avances culturales han dado lugar al lenguaje y a la escritura. Ésta es una expresión del lenguaje que nos permite comunicarnos, transmitir ideas y sentimientos. Los sistemas sociales dependen en gran parte de la escritura como elemento de comunicación.

Se sabe que la escritura es un acto neurofisiológico cuyo origen está en el área cortical y subcortical, y que en el acto de escribir intervienen procesos conceptuales, lingüísticos y motores.

Durante el aprendizaje escolar, la escritura va pasando por diferentes etapas según la edad del niñ@. Así por ejemplo, entre los 5-6 años y hasta los 8-9 años, se considera que el niño está en la etapa Pre-caligráfica, donde precisamente son los años del aprendizaje escritural de mayor importancia porque es aquí donde se crean los buenos o malos hábitos y también donde el niño puede empezar a sentir el placer por el lápiz y el papel.

Más tarde, entre los 8-9 años y hasta los 12, el niño entra de pleno en la etapa Caligráfica, donde se suele decir que es ‘una etapa de oro’ porque es cuando la escritura llega a adquirir ese modelo aprendido, prácticamente igual para todos (aunque distinto según la caligrafía de cada país y a veces según distintas escuelas), donde ya se han adquirido las formas que pasan a dar estructura y legibilidad a la escritura.

Por último, a partir de los 12-13 años, el preadolescente entra en la etapa Post-caligráfica. Esta es una etapa donde se empieza a personalizar la escritura, probando formas algo diferentes a las aprendidas en la caligrafía y muchas veces copiando el modelo de algún compañero al que se admira.

Si el niño ha superado estas tres etapas sin grandes dificultades, la escritura poco a poco se irá personalizando, simplificando y adquiriendo velocidad, en la medida en que él/ella vaya evolucionando como persona, según las experiencias que le depare la vida, el ámbito social y cultural, etc.

La problemática puede aparecer cuando el niño tiene dificultad en alguna de estas etapas y queda atrapado sin que nadie lo detecte, ya que entonces no logra ni avanzar ni adquirir una escritura que se sienta cómodo y que más o menos sea similar a la de sus compañeros de clase. Cuando esto sucede es muy probable que estemos ante un niño ‘disgráfico’.

La Disgrafía no es un problema intelectual o neuronal sino una dificultad grafomotriz importante, que causa una anomalía del movimiento cursivo, irregularidades en los espacios entre letras y palabras, malformaciones de letras y una mala calidad del trazo. Se diagnostica a través de una entrevista con los padres e independientemente con el niño y realizando un análisis grafológico, un análisis grafométrico y un test de velocidad.

Desgraciadamente, la disgrafía aumenta cada vez más en niños a partir de los 7 años. El niño que la padece se siente mal escribiendo y poco a poco deja de hacerlo, con las negativas consecuencias futuras que eso tiene a nivel escolar y personal.

¿Cómo puede corregirse? La disgrafía infantil se corrige mediante una Reeducación Gráfica y/o Grafoterapia. Tras unas 12 sesiones aproximadamente, el niño consigue una mayor eficacia en el gesto gráfico, una mayor legibilidad y una mayor rapidez (dependiendo del tipo de disgrafía diagnosticada).

Lógicamente, los beneficios son múltiples: mayor seguridad en sí mismo, mayor autoestima, mayor disponibilidad de tiempo y mayor satisfacción frente a compañeros y maestros.

Publicado por cat.economica el 4 de noviembre de 2016

http://www.cateconomica.com/Articulo/La-importancia-de-la-reeducacion-grafica-en-los-ninos

 

 

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