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Hoy en día existen tantos útiles en el mercado como gustos hay. Esto ha dificultado un poco más la tarea de los grafólogos a la hora de valorar uno de los aspectos más importantes en el análisis de escrituras, el trazo.

A pesar de ello, no deja de sorprender la elección que cada uno hacemos al escoger el útil que más cómodamente nos hace sentir: un bolígrafo de punta gruesa, uno de punta fina, una pluma, un lápiz… Lógicamente, a la persona acostumbrada a un instrumento con la punta más bien gruesa le será muy difícil escribir con un lápiz de mina, ya que romperá la punta. Y ese es el motivo por el que la elección que hacemos de uno u otro es significativa de nuestra forma de ser.

Son muchos los parámetros a tener en cuenta cuando analizamos una escritura, parámetros todos ellos que quedan englobados dentro del espacio, del trazo, de la forma y del movimiento.

Si nos referimos concretamente al trazo, lo primero será tomar en nuestras manos una buena lupa o un microscopio y detenernos a observar.

Entonces podemos observar cuánto presiona la persona al escribir, es decir, la fuerza que ejerce sobre la hoja del papel. Para eso bastará con dar la vuelta a la hoja y notar el relieve que deja. Con ello podremos hacernos una idea sobre cómo vive la vida, cómo y cuánto se implica y sus recursos energéticos.

Ponemos especial atención en ver cómo es la textura que ha dejado la tinta en el papel, si es más uniforme o más porosa, si tiene los bordes cerrados o abiertos. Esto dependerá en gran medida del útil que hayamos elegido, pero también va a ser determinante la forma como lo sujetamos, lo presionamos y la rapidez con que escribimos. Hay quien lo sujeta de forma más vertical, más oblicua, más cerca o más lejos del papel. Con ello podremos saber cómo le impactan las cosas, el grado de introversión y extraversión, la vulnerabilidad y la sensibilidad.

Otro punto a tener en cuenta es el grosor que ha dejado el trazo, si es más delgado o más grueso. Esto tiene una estrecha relación con el tamaño de la escritura, ya que no es lo mismo un trazo muy grueso en una escritura pequeña que en una grande. Con ello podemos saber cuánto muestra de sí la persona a los demás, las ganas de estar presente, si muestra poco pero quizás por sensibilidad y prudencia o bien por sequedad de carácter.

Por último, observamos la tensión que tiene todo ese trazado. La tensión está relacionada con el impulso, el esfuerzo, la contradicción y los elementos físicos y psíquicos que producen energía. Con ello podemos ver cuál es la actitud y el comportamiento general ante la vida.

El trazo en general revela las partes del inconsciente profundo y nos habla de la vitalidad del individuo, de cómo organiza sus recursos, de la voluntad y del modo de sentir.

En definitiva, cada cual tiene su peculiar forma de escribir en función de todos los aspectos mencionados y de otros muchos. Por eso decimos que ‘no hay dos trazos iguales como no hay dos personas iguales’ porque el ‘trazo es inimitable e infalsificable’.

Publicado por cateconomica.com  el 24 febrero 2017

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