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Hace ya algunos años que aparecieron en nuestro país los primeros casos de adolescentes y jóvenes con autolesiones. En la actualidad, concretamente en Catalunya, se formó GRETA (Grupo de Estudio y Tratamiento de las Autolesiones) que está integrado por profesionales de la salud dentro de los hospitales Clínic, Sant Pau, Sant Joan de Déu y Parc Taulí, entre otros, para investigar a fondo estas conductas, con el fin de esclarecer los porqués y hacer frente a este sufrimiento emocional.

Según los expertos en el tema, los motivos por los cuales estas personas se autolesionan pueden ser muy diversos: bullying, desórdenes alimentarios, ansiedad, mala imagen personal, trastorno depresivo, situación de ruptura familiar, etc. A veces simplemente una baja autoestima, dificultades para relacionarse o la dificultad para integrar las frustraciones, propio de la adolescencia, son factores suficientes para empezar la primera autolesión.

En nuestra sociedad actual, además, muchos son los niños que tienen que quedarse solos en casa al salir del colegio hasta que llegan sus padres, bien sea por necesidades laborales o por estilo educativo, lo que no favorece en absoluto tanto tiempo libre sin los límites adecuados respecto al ordenador, móvil y demás tecnologías. Todo ello sumado a un posible sentimiento de soledad o abandono. Ni que decir tiene que, ante las necesidades laborales de muchas familias, siempre es mejor poco tiempo de calidad que mucho de forma inapropiada.

Al parecer, según los especialistas en este tipo de conducta, el objetivo de una autolesión ‘no es llamar la atención’, sino vincularse con otros jóvenes que hacen lo mismo a través de las redes sociales, intercambiándose fotografías impactantes de cortes, quemaduras o golpes. De esta forma reciben admiración y rápidamente la triste imitación de unos a otros.

Lo paradójico de todo esto es que parece ser que el daño físico les atenúa su conflicto porque a través del dolor físico evaden el dolor emocional, además de sentirse identificados y respaldados por sus iguales. Con todo esto observamos nuevamente esa necesidad de pertenencia, de comprensión, de escucha, de valoración personal, que es tan patente en la etapa de desarrollo de la adolescencia.

Las escrituras de adolescentes se caracterizan básicamente por la desestructuración de la forma, en un intento de apartarse del modelo caligráfico aprendido hasta el momento para ir en busca del suyo propio y personalizarlo, hacia los 17-18 años. Aunque en esa etapa es algo distinta en los chicos que en las chicas, por lo general suelen tener un tipo de escritura más bien grande (necesidad de omnipresencia), con óvalos inflados (cierto narcisismo), con letras redondeadas tipo bola destacando la zona media como si fuese un rodillo (no quieren recibir influencias del exterior y se cierran), con letras que chocan o se adosan unas con otras (ansiedad y susceptibilidad, por inseguridades típicas de la edad), márgenes casi inexistentes (dificultad para posicionarse), un ritmo desigual, letras separadas (deseos de individualización), inversiones hacia la izquierda con o sin fuerza (reivindicación, recogimiento, miedos), una presión desigual…

Sin embargo, estos referentes tan generalizados no deben nunca servir para encasillar de la misma manera todas las escrituras de adolescentes, ya que intervienen otros múltiples factores que hay que determinar y valorar individualmente. No existen dos escrituras iguales porque no hay dos personalidades iguales.

En cuanto al tema que nos ocupa, no existe ninguna escritura-modelo para detectar esas autolesiones, ya que los motivos para llegar a ello son de diferente índole. Aun así, nos debe llamar la atención, como señal de alarma, ciertos rasgos escriturales al menos para investigar más a fondo qué le está ocurriendo a ese adolescente.

Por ejemplo, una escritura muy pequeña y de óvalos chafados es síntoma de una autoestima demasiado baja para la edad. Una escritura de letras muy estrechadas refleja una incomodidad afectiva más allá de lo propio. Una escritura colocada en el centro mismo de la página, con grandes márgenes, simulando una isla, nos alerta de un aislamiento exagerado. Un trazo de tinta muy sucio, o con demasiados emborronamientos o tachaduras, o descolorido, o muy blando o muy presionado nos habla de desórdenes emocionales. Una escritura demasiado angulosa, estrechada y poco presionada puede ser un signo de agresividad.

A pesar de que nos pueda ser de gran ayuda observar estos rasgos en las escrituras de nuestros hijos, siempre vamos a necesitar un análisis individualizado que nos sirva para identificar a fondo dicha personalidad y averiguar los porqués de tales comportamientos.

Publicado por: http://somosbiz.com/estilo/generacion-z/la-escritura-los-adolescentes-se-autolesionan/

5 agosto 2017

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